La escasez y la demanda ligada a la IA llevan el metal a máximos históricos, mientras los analistas discuten si podrá rivalizar con el oro.
Los mercados internacionales viven semanas de euforia en torno al cobre. El metal ha marcado récords en las bolsas de materias primas y se ha situado entre los activos más rentables del año. Su avance es tan notable que ha reabierto una pregunta poco habitual: ¿puede un metal industrial disputarle al oro su lugar en las carteras de los inversores?
Un récord que alimenta el debate
Los futuros del cobre alcanzaron los 14.748,5 dólares por tonelada en la Bolsa de Metales de Londres (LME), el principal mercado mundial de metales industriales. Esa cifra es el máximo histórico del metal.
La coincidencia con las declaraciones de Kiril Dmítriev no pasó inadvertida. El director general del Fondo Ruso de Inversión Directa y enviado especial de la Presidencia rusa para la cooperación económica internacional afirmó que “el cobre es el nuevo oro”, una frase que pronto circuló entre analistas y operadores.
El contraste con el metal precioso es llamativo. En lo que va de año, el cobre acumula una subida cercana al 20 %, después de haber avanzado más de un 41 % en 2025. El oro, en cambio, apenas ha modificado su cotización en el mismo periodo.
Una tendencia que los analistas ven lejos de agotarse
A comienzos de año, la tonelada de cobre superó por primera vez la barrera de los 13.000 dólares en la LME. Hoy se mantiene por encima de los 14.400 dólares, y varios expertos creen que el recorrido alcista no ha terminado.
Los analistas de Deutsche Bank calculan que la escasez actual podría empujar los precios otro 50 %, hasta unos 22.050 dólares por tonelada a mediados de 2027.
Liudmila Rokotiánskaya, especialista en mercado de valores de la firma BKS, comparte ese optimismo. Recuerda que el cobre se ha encarecido alrededor de un 50 % desde septiembre del año pasado y sostiene que, por su potencial de crecimiento, puede llamarse con propiedad “el nuevo oro”.
Vladímir Chernov, analista de Freedom Global, subraya dos rasgos que el metal rojo comparte con el precioso. Ninguno de los dos puede aumentar su oferta con rapidez y ambos se cotizan a escala global en dólares.
La inteligencia artificial y la energía verde entran en escena
Buena parte de los especialistas atribuye la nueva importancia del cobre a la transición energética y a la expansión de los centros de datos que requiere la inteligencia artificial (IA). Ambos sectores consumen grandes cantidades del metal y dependen de una producción que no puede escalar de la noche a la mañana.
El inversor canadiense-estadounidense Chamath Palihapitiya llega a definir el cobre como un “activo de seguridad nacional”. Según explica, la minería necesita más de dos décadas para ampliar su capacidad, mientras que un solo centro de datos de IA puede requerir hasta 50.000 toneladas. A su juicio, esa brecha, unida a las políticas arancelarias, podría llevar los precios a niveles “absolutamente parabólicos”.
El inversor estadounidense Michael Burry, por su parte, ha explicado que prefiere apostar por el cobre antes que por acciones de empresas de IA. Su razonamiento se apoya en los plazos: los centros de datos elevan la demanda en dos o tres años, pero un yacimiento nuevo tarda cerca de 18 años en entrar en operación.
Las diferencias con el activo refugio
No todos los expertos se dejan llevar por el entusiasmo. Un sector de los analistas pide cautela y advierte contra confundir un ciclo de mercado con un cambio de estatus.
Los analistas de J.P. Morgan recuerdan que el cobre es un metal estrictamente industrial y carece de la función monetaria del oro. El mercado global del oro se valora en casi 30 billones de dólares, y el metal amarillo es un activo de reserva esencial para los bancos centrales, un papel que el cobre no desempeña.
Chernov resume la diferencia en el motivo de compra. El cobre lo adquieren sobre todo las empresas para producir, mientras que el oro se compra también para conservar valor y proteger el capital, incluso por parte de los bancos centrales.
Ese contraste se vería con más claridad en una crisis. En un escenario de recesión económica, señala el analista, la demanda de cobre podría debilitarse y el interés por el oro como refugio, aumentar.
Un metal en el centro de la disputa
Por ahora, el cobre aprovecha un momento excepcional, con una oferta rígida, una demanda tecnológica en expansión y previsiones al alza. Si logrará acercarse al oro como valor refugio sigue siendo una cuestión abierta. Lo que sí parece claro es que el metal rojo ha dejado de ser un actor secundario en el tablero de las materias primas.



