Goldman Sachs proyecta un profundo cambio económico mundial para 2075, con Asia liderando el crecimiento y Brasil y México como potencias latinoamericanas.
El mapa de la economía global podría experimentar una de las mayores transformaciones de la historia durante las próximas cinco décadas. Las proyecciones elaboradas por Goldman Sachs en su informe The Path to 2075 plantean un escenario donde Asia consolidará su dominio económico, mientras América Latina verá emerger a Brasil y México como las dos grandes potencias regionales capaces de competir entre las economías más importantes del planeta.
El estudio, elaborado a partir del análisis de 104 economías, no pretende establecer una predicción definitiva, sino identificar las tendencias estructurales que podrían moldear el crecimiento económico mundial hasta mediados del siglo XXI. Variables como el comportamiento demográfico, la productividad, la innovación tecnológica, la acumulación de capital y la estabilidad institucional son los principales elementos considerados para construir este escenario de largo plazo.
Asia concentrará el mayor peso de la economía mundial
De acuerdo con las estimaciones del banco de inversión, el liderazgo económico dejará de estar encabezado por Estados Unidos para dar paso a un eje asiático mucho más dominante.
China ocuparía la primera posición con un Producto Interno Bruto (PIB) cercano a los 57 billones de dólares, seguida por India con aproximadamente 52.5 billones, mientras que Estados Unidos descendería al tercer lugar con alrededor de 51.5 billones de dólares.
Esta configuración representa un cambio trascendental respecto al orden económico predominante desde finales del siglo XX, cuando la economía estadounidense mantuvo una clara supremacía mundial.
Uno de los casos que más llama la atención es el de India, cuyo crecimiento estaría respaldado por una población joven, una expansión constante de su mercado laboral y un acelerado desarrollo tecnológico. Goldman Sachs considera que estos factores permitirán al país superar ampliamente a economías consolidadas como Japón y Alemania.
Brasil liderará a América Latina dentro del Top 10
Mientras Asia concentra el mayor crecimiento proyectado, América Latina también tendría representantes destacados dentro de las principales economías del mundo.
Brasil aparece como la nación latinoamericana mejor posicionada, al proyectarse como la octava economía mundial, con un PIB cercano a 8.7 billones de dólares.
El tamaño de su mercado interno, su abundancia de recursos naturales, la fortaleza de su sector agroindustrial y una economía diversificada constituyen algunos de los elementos que respaldan este escenario de crecimiento sostenido.
Su peso demográfico también juega un papel fundamental, ya que permite ampliar el consumo interno y fortalecer la producción nacional durante las próximas décadas.
México consolida su papel entre las grandes economías
México también figura entre los grandes protagonistas del informe.
Las estimaciones ubican al país en la posición número once del ranking mundial, con un Producto Interno Bruto aproximado de 7.6 billones de dólares, una cifra que lo colocaría por encima de economías tradicionalmente consideradas entre las más fuertes del planeta, como Japón, Francia y Rusia.
Aunque Goldman Sachs no atribuye este desempeño a factores específicos como el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), diversos especialistas consideran que la integración comercial con Norteamérica, la relocalización de cadenas productivas y el fenómeno del nearshoring podrían fortalecer aún más la posición mexicana durante las próximas décadas.
El crecimiento dependerá del capital humano y la innovación
El informe señala que la ventaja competitiva de Brasil y México no se explica únicamente por el tamaño de sus economías.
Ambos países cuentan con características estructurales que podrían impulsar un desarrollo sostenido, entre ellas:
- Mercados internos de gran escala.
- Amplia disponibilidad de mano de obra.
- Economías diversificadas.
- Mayor capacidad para atraer inversión extranjera.
- Sistemas financieros relativamente profundos.
- Ecosistemas empresariales y tecnológicos con potencial de expansión.
La combinación de estos factores permitiría incrementar la productividad y facilitar la incorporación de nuevas tecnologías en sectores estratégicos.
La población será el principal motor del crecimiento
Uno de los hallazgos centrales del estudio es el papel que desempeñará la evolución demográfica.
Goldman Sachs estima que las economías emergentes crecerán, en promedio, alrededor del 3.8% anual, mientras que las economías desarrolladas registrarían un ritmo cercano al 1.8%.
Más de la mitad de esa diferencia estaría relacionada con la dinámica poblacional.
Países con poblaciones jóvenes y mercados laborales en expansión tendrán mayores posibilidades de incrementar su producción y consumo durante las próximas décadas.
Este fenómeno también explica el ascenso previsto para economías como Indonesia, Nigeria, Pakistán y Egipto, que aparecen entre las diez economías más importantes proyectadas para 2075.
El verdadero reto será elevar la productividad
No obstante, el crecimiento poblacional por sí solo no garantiza prosperidad.
Especialistas consultados por Bloomberg Línea, entre ellos la economista Clara Inés Pardo, advierten que el éxito económico dependerá principalmente de la capacidad de cada nación para elevar su productividad mediante inversiones en educación, innovación, ciencia, infraestructura y fortalecimiento institucional.
En este sentido, tanto Brasil como México enfrentarán importantes desafíos relacionados con la calidad de sus instituciones, la reducción de desigualdades, la modernización de su infraestructura y el impulso a sectores de alto valor agregado.
Riesgos que podrían modificar el escenario
Los propios autores del informe reconocen que cualquier proyección con horizonte de cincuenta años implica un elevado grado de incertidumbre.
Entre los factores que podrían alterar significativamente estas previsiones destacan:
- El aumento del proteccionismo comercial.
- Los efectos económicos del cambio climático.
- Conflictos geopolíticos.
- Transformaciones tecnológicas disruptivas.
- Crisis financieras internacionales.
Kevin Daly y Tadas Gedminas, responsables del estudio, subrayan que el objetivo del análisis es identificar tendencias estructurales de largo plazo y no establecer un orden económico definitivo.
Europa perdería protagonismo relativo
Las estimaciones también reflejan un desplazamiento gradual del peso económico europeo.
Economías históricamente dominantes como Alemania continuarían descendiendo posiciones dentro del ranking mundial, mientras que países emergentes ganarían terreno gracias a una combinación de crecimiento demográfico, industrialización y desarrollo tecnológico.
Este nuevo equilibrio tendría consecuencias importantes para el comercio internacional, la inversión extranjera, la conformación de alianzas estratégicas y la influencia geopolítica de las distintas regiones del planeta.
América Latina frente a una oportunidad histórica
Para América Latina, las proyecciones representan un escenario de oportunidades sin precedentes.
El fortalecimiento de Brasil y México podría generar un efecto multiplicador sobre otras economías de la región mediante mayores inversiones, cadenas de suministro más integradas y un incremento del comercio intrarregional.
Sin embargo, alcanzar este potencial exigirá superar rezagos históricos en infraestructura, productividad, educación, innovación y gobernanza.
El informe de Goldman Sachs plantea que el éxito de las próximas décadas no dependerá únicamente del tamaño de la población o de la disponibilidad de recursos naturales, sino de la capacidad de cada país para adaptarse a un entorno global caracterizado por la competencia tecnológica, la transformación digital y el desarrollo del capital humano.
Si estas condiciones se consolidan, Brasil y México podrían convertirse en los principales referentes económicos de América Latina dentro de un nuevo orden mundial que, según las tendencias actuales, tendrá a Asia como su principal centro de gravedad económica.
Por Orlando J. Gutierrez



